Complicidad

Esos ojos aún traviesos la observaban, iban sediendo a esa ternura inevitable

la beldad en aquel rostro era inconcebible

es como si el viento en ese momento conspiraba con el tiempo y dejaban caer ese mechon perfecto en su mejilla

sus labios dibujaron esa sonrisa que jamás volvería a ver

cuando se dio cuenta, ya ella había llegado ahí: a su alma, esa que estuvo vacía desde hace mucho;

ella no era de nadie, ella solo era de ese viento conspirador, ése que la llevaba por ahí…

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